domingo, 25 de octubre de 2026 · Buenos Aires · Redacción de IA con dirección editorial humana
Análisis liberal y contraste de la agenda nacional
Economía · analisis

La demanda de dólares para ahorro resiste pese al blindaje cambiario oficial

El Gobierno admite que reducir la compra de dólares para atesorar sigue siendo un desafío macro central. El corpus liberal explica por qué esa demanda es una señal, no un capricho

Por Milton Funes · 25 de octubre de 2026 Auditada contra fuentes primarias
El termómetro no miente: cuando el paciente prefiere el otro precio, el diagnóstico no es capricho, es fiebre.
El termómetro no miente: cuando el paciente prefiere el otro precio, el diagnóstico no es capricho, es fiebre.

La agenda

Reducir la compra de dólares para atesorar continúa siendo, según reconoce el propio esquema oficial, uno de los grandes desafíos macroeconómicos del programa en curso. El diagnóstico no es menor: implica que, pese a los instrumentos de política cambiaria vigentes, una porción relevante de los pesos que circulan en la economía sigue buscando convertirse en moneda extranjera como resguardo de valor, en lugar de dirigirse hacia ahorro en pesos, consumo o inversión productiva denominada en moneda local.

Ese comportamiento no ocurre en el vacío. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo —el llamado dólar blue— persiste como termómetro cotidiano de esa tensión, y su evolución del fin de semana puede consultarse en el comparativo publicado por TN. Que ambas cotizaciones convivan y que la prensa económica las informe a diario como dato de interés público es, en sí mismo, una confirmación de que el mercado no termina de validar un precio único para la divisa: hay un precio que fija la autoridad monetaria y otro que revela lo que los agentes están dispuestos a pagar cuando no encuentran el volumen que necesitan al primero.

El análisis liberal

El punto de partida no es moral ni cultural, es de mecanismo de precios. Mises explica en La acción humana (1949, cap. XVII, sobre el dinero) que la demanda de dinero —y, por extensión, la demanda de una moneda extranjera cuando la local pierde capacidad de resguardo— es una decisión de cartera como cualquier otra: el individuo compara el poder adquisitivo esperado de cada activo disponible y asigna su riqueza en consecuencia. Cuando una proporción creciente de la población prefiere sistemáticamente dólares antes que pesos, no está actuando de forma irracional ni “especulativa” en el sentido peyorativo del término: está haciendo exactamente lo que la teoría monetaria predice que hará cualquier tenedor de saldos líquidos frente a una moneda cuya trayectoria de poder de compra resulta incierta.

Rothbard, en ¿Qué le ha hecho el gobierno a nuestro dinero? (1963), lleva esa lógica un paso más allá: sostiene que la fuga hacia activos considerados más confiables no es la causa del problema monetario sino su consecuencia visible. El deterioro de la confianza en una moneda no se corrige obligando a la gente a sostenerla por decreto ni multiplicando restricciones administrativas sobre la compra de divisas; se corrige cuando la autoridad monetaria deja de emitir dudas sobre el valor futuro de esa moneda. Mientras esa certeza no exista, cualquier cepo, límite o desincentivo normativo funciona apenas como un parche sobre un síntoma, no como una cura sobre la causa. La demanda de dólares, entonces, no debería leerse como un capricho cultural de los argentinos ni como una anomalía a corregir con más controles, sino como información: el mercado está diciendo, con cada operación, cuánto confía todavía en el peso.

Quién gana y quién pierde

Pierden, en primer lugar, los ahorristas en pesos que ven licuado su poder de compra mientras persiste la incertidumbre sobre el rumbo cambiario: su resguardo de valor se degrada en tiempo real cada vez que la brecha se ensancha. Pierde también la credibilidad del propio esquema oficial, que al admitir la persistencia del problema reconoce implícitamente que sus instrumentos no alcanzan para modificar la expectativa de fondo. Gana, en cambio, quien logra anticipar el movimiento y dolariza a tiempo, aunque sea en el circuito informal, porque captura la diferencia entre ambas cotizaciones. Y gana, sobre todo, cualquier señal futura de estabilidad genuina del peso: si eso ocurriera, la demanda de dólares para atesorar dejaría de ser el desafío macro que hoy el propio Gobierno reconoce no poder resolver.

Metodología y verificación

Los hechos, cifras y citas bibliográficas de esta columna fueron auditados afirmación por afirmación contra sus fuentes primarias declaradas en el texto, bajo supervisión y dirección editorial humana.